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Instrucciones para escribir un poema por primera vez en tiempos de pandemia

Estate en casa. No salgas a comprar un bolígrafo montando una romería ni salgas a correr a por crema de cacao. Lávate las manos. Enfócate en los dedos índice y corazón. También en el anular si nunca aprendiste a agarrar decentemente un lápiz. No olvides frotarte en el surco que hace el pulgar ni en las yemas y las uñas. Cada vez que te laves las manos, piensa en cuántas personas tienen un difícil acceso al agua. Si durante el confinamiento (o previamente a este) te has digitalizado, limpia y da esplendor a tu ratón y teclado. O al móvil. Un número elevado de artículos científicos atestiguan la alta concentración de acumulación de porquería entre las teclas y las rendijas de los que son para muchos el más valioso tesoro. En ese caso, si estás ya computadorizado o si eres millennial , frota también las falanges distales. Asimismo, calienta tus muñecas: el calentamiento es parte fundamental del entrenamiento. Di en voz alta: « Cualquiera puede escribir un poema » . Total, hay miles de lib...


LA VERDAD QUE NO VEMOS

No, no quiero los sueños. Es la vida,
la realidad la que nos llama. Escucha.
Leopoldo de Luis

Deja que te lo explique, no en palabras
— que con palabras no se entiende a nadie —
sino a mi modo oscuro, que es el claro.
Mirta Aguirre

 

Está aquí, déjame que te lo muestre,
en este pequeño espacio de aire,
esta dimensión, toda esta anchura
de trazas, de briznas
aciculares, está en esta brisa ingenua
que tanteo con los dedos,
que trato de asir para hacer mía,
es de sí misma,
                              está aquí.


Está en este soplo hecho de desgarros,
está en el lápiz que me cae de las manos
si abro la palma,
está en esta corriente alterna,
está en genios y mediocres,
en las nubes de las partículas,
en las ínfulas extrañas
y en el pliegue de las alas de un cóndor negro,
en la precipitación de un vidrio
que no nos hiere apenas
y en los resquicios invisibles
de nuestras cicatrices más finas,
está en el cieno de los ríos
que arrastras a las cimas,
en la cima lozana
que hallas en la mirada,
las miradas tiernas
que no adviertes,
y las que adviertes,
                                está aquí,
no puede estar en ningún otro lado.


La recogemos,
este soplo que resollamos
está hecho de ella.
Este vasto espacio que media
entre tú y yo,
los lugares entre nosotros
que no habitamos
y que alcanzamos al vuelo
con esfuerzo
y devoción de céfiro,
la verdad es que es esto,
está aquí.