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Yo no tengo nada de bohemia (II)

Dicen que voy siempre mediocorriendo porque no llego a todo lo que quisiera hacer, que uno de mis grandes defectos es sentir que el tiempo pasa demasiado rápido. En efecto, si tuviese que elegir un superpoder sería desdoblarme en varias personas para llevar a cabo absolutamente todo. Quizás esa sea una de las razones por las que escribo, aunque no es la central. Escribo, no comparto todo lo que escribo y nunca he tenido la suficiente ambición de publicar libros. Mi afán ha sido y es siempre indagar en mí, por un lado, y, por el otro, compartirme en pequeños puntos con seres y grupos reducidos de personas en distintos puntos del planeta. Algunos de ellos han traspasado las barreras de lo más críptico de mi poesía (que más que mía es de esta que yo soy) y me han impulsado a purificar el lenguaje que uso. Así las cosas, nada que ver con publicar libros, ni con ganar premios de cualquier campo al que me dedique. Si algo logro en estas líneas o ámbitos es fruto de caminos en los que yo no m...

Yo no tengo nada de bohemia (I)

Yo no tengo nada de bohemia. Ser bohemio, tal y como lo conocemos en los tiempos que corren y en lugares como este, a mí se me asimila a ser un dandi o a comprarse un dinosaurio como mascota o a estas dos cosas juntas. La libertad en mi estilo de vida está hecha de compromiso a corto, a medio y a largo plazo, en el mejor sentido de la palabra. Yo madrugo y trabajo y tengo nómina a fin de mes. Y no me la gasto entera. Y los lunes no se me hacen largos. Y cuando me voy a dormir más tarde de la 1 o tomo alguna(s) cerveza(s) de más, condeno a la mañana inútil siguiente fruto del noctambulismo rocambolesco en el que caí. Paso todo el tiempo que puedo con mi familia, cuido de ellos hasta donde me alcanza. Y ya no escribo en servilletas, descargué Google keep en mi móvil y llevo en este todo lo que he escrito desde que tenía 13 años. Puedo encontrar en 3 minutos todas las líneas que he escrito que contienen la palabra "paso", "lago", "pavor" o "soy". Po...

El mundo de las almohadas (cuaderno de poesía)

Un año que casi acaba. Este ha sido mi año de "otra vez", hacer de nuevo y aprender lo que ya hice y lo que aprendí y nunca se hacen las cosas por segunda vez como se hicieron la vez primera. La segunda siempre es mejor. Para acabar de completar mis objetivos, planes y sueños de este año 2018 que se termina, ya tan cerca de fin de año, he decidido que, cuando me pidan un poema mío, si me lo piden, dejaré de buscar en los bolsillos papeles arrugados y dejaré de sacar pedazos y borradores. Y así he decidido compartir mi compilación de poemas en un  cuaderno de poesía  otra vez, esta vez con 12 poemas, en papeles bien imprimidos, doblados y cosidos con mis manos uno a uno . Es un cuaderno que puede leerse de al menos dos maneras: la primera es siguiendo el orden normal y corriente y basta con ir de un poema al siguiente. La segunda, más recomendable, es siguiendo el ciclo del agua. La tercera, abrir por donde uno quiera, echar un vistazo por aquí y cerrarlo por allá. Así que, aq...

Pasar pisando fuerte (recorte)

Citas con hondura. "Las palmeras salvajes" (1939), de William Faulkner

Cuando me aventuré a leer por primera vez a William Faulkner (1867-1962) y a empezar por una de sus novelas más inusuales, desconocía que la estructura de la novela iba a ser la de la  intercalación de dos historias paralelas  en alternancia, la concatenación de los capítulos de dos historias distintas que se nutren a base de tenues similitudes y fuertes contrastes (quién sabe si por esmero y diligencia del autor o serendipia literaria). Las palmeras salvajes  de Faulkner intercala una novela con el mismo nombre, la  historia de un avance amoroso o pasional  entre un hombre y una mujer  hacia la destrucción personal , con  "El viejo" , nombre con el que se conoce el río Misisipi y no a su protagonista, un penado que experimenta las vicisitudes de una catástrofe, la inundación del río, y todo lo que vive alrededor o por causa de esta circunstancia.  No es esta la única intercalación sugerente que se da en esta obra. Más sustancial parece cómo el au...

“No dejamos de amar” (poema)

No dejamos de amar, solo relajamos (suavizamos) la embestida. Caminamos sin pisar del todo un tiempo (poco breve) imborrables las huellas. No quedó más, el somnífero lanzado (a esto nuestro). Y esperamos. Tras lo que dejó la embestida, desaparecimos. ─── Foto:  Stefan Keller Este poema puedes encontrarlo en el cuaderno de poesía El mundo de las almohadas

“Rizo de otoño” (poema)

Cuando le conocí en otoño, iba ebria (de vino blanco y de satisfacción) y un rizo suyo, enloquecido, en el afán de mirar tartamudo  a través de la ceguera leve, se coló en mi ojo. Fue indudablemente nuestro primer beso. Cuando le pensé y le imaginé sentí un miedo férreo y una vergüenza aguda (hoy pienso que esa vergüenza era, en realidad, esdrújula) y no obstante sospeché que un día de invierno me casaría con él. ─── *Este poema participa en el concurso de poesía de otoño de Zenda .

Espejo de cuchillo (poema)

Tengo en mi dormitorio un espejo lleno de cuerpos. Me dijeron que están hechos de mercurio, que la dimensión de sus cinturas es siempre la misma, que no dejan huella. Mi espejo, marco marrón haya, posee también cuchillos de triple filo, pero no se ven si no posas la mano en un hombro y cintura capaces de disolverte. He roto el espejo. Quería saber si todos los cuerpos están hechos de mercurio. Pero no es cierto, al romperlo el azul cielo de sus huellas creó de nuevo a cuchillazos las tres últimas vértebras de mi espalda. ─── Este poema ha sido publicado en Liberoamérica , en la Revista Almiar  y en la Revista Cardenal . Pertenece al cuaderno de poesía La confesión de la carne, que te invito a leer gratuitamente .

“El diluvio” (poema)

Nada me traspasa.                              La tarde, el sinsabor del café en la lengua previa, el humo disperso del cigarro no asentado en la garganta, el cielo blanco, de nuevo el vaho elidiéndose de las bocas, cortando labios intocables, juntando las manos ásperas, repitiendo incesante la lengua y los dientes come on come on come on come on . Pero hoy soy espejo de la tierra que no devuelve imagen, luz, reflejo, solo el gesto memorizado no transferible, intraspasable. La noche.             El diluvio inesperado no universal me pertenece –¿o le pertenezco?–. Pies en aguacero, paraguas desierto en las calles manresanas de la noche, diminutos ríos entre las piedras medievales, camino al corazón, la conciencia disminuye meollo de mí en todo, y los altavoces se hacen de silencio. Escucho ...

Felicidad proporcional (I)

Mi felicidad es proporcional a la cantidad de cielo que veo desde mi balcón. El ser salta de sonido en sonido desde los pájaros al silbido lento de las nubes. La sonrisa se evapora en la satisfacción del mediodía. Canto con los pies. Se oyen al fondo niños, persianas que se abren,  timbres de portales, vehículos que van y vienen. Cierro la persiana en la buscada oscuridad de desprenderme de todo. No se ve el cielo desde la nada sublime donde empiezo a existir del todo. ©  Dani Alvarez Fotografía Sigue leyendo en  Felicidad proporcional (II)

Felicidad proporcional (II)

Mi felicidad es proporcional a la cantidad de cielo que veo desde mi balcón. No hay sonido. La casi luna llena no se ha desplazado. Eppur si muove.  La sonrisa se evapora en la satisfacción de la medianoche.  Canto con la espesa diagonal blanca que un avión olvida a su paso.  Esta es mi casa, mi hogar.  Se oye a lo hondo plenitud: las persianas están cerradas,  los portales están vacíos, los vehículos, aparcados. Mi ser se recoge en la límpida oscuridad de haberse desprendido de todo. Se ve solo el cielo desde la nada sublime donde existo del todo. ©  Dani Alvarez Fotografía Leer Felicidad proporcional (I)

“Convirtámonos” (poema)

Convirtámonos en estatua de piedra en lo que cae el relente de la noche, dos dioses de mármol en pureza nívea,                         uno junto al otro, en la división exacta del peso del agua vertical                         que nos atraviesa mojándonos desde dentro. Emanemos la fuente, soportes de lo vertical                         y mojémonos. Escuchémonos y escuchemos el agua correr y auscultemos el agua correr, y exhalémonos. Percibamos cómo caen por los lados de la fuente los flujos de lo sagrado. Convertidos, permanentes, en el afán de querer ser mármol cuando llegamos a ser piedra mojada, convirtámonos de nuevo.

“Quiero pasar pisando fuerte por la vida” (poema manifiesto)

A horcajadas, si hace falta, hollando la tierra, metiendo un pie tras otro en la nieve y volver por el sendero resiguiendo los pasos con los que vine. Quiero pasar pisando fuerte por la vida ultrajándolo todo, quebrantándonos un poco, profanando las leyes más básicas por las que nos regimos, abatiendo la injusticia abrazando de frente al miedo, insiriéndome en la confusión y la incertidumbre, e ir a veces caminando, solo eso, caminando, despacio pero fuerte, por la vida. Y volver, siempre volver, sobre mis pasos, dibujar cenefas en la nieve, en la arena o en el hielo con los pies descalzos, en la arena blanca de una nieve que resbala, como mis manos dibujan la espuma en el Mediterráneo, y volver, retornar a mis pasos pisando fuerte, siempre, en la vida.

¡en marcha!



LA VERDAD QUE NO VEMOS

No, no quiero los sueños. Es la vida,
la realidad la que nos llama. Escucha.
Leopoldo de Luis

Deja que te lo explique, no en palabras
— que con palabras no se entiende a nadie —
sino a mi modo oscuro, que es el claro.
Mirta Aguirre

 

Está aquí, déjame que te lo muestre,
en este pequeño espacio de aire,
esta dimensión, toda esta anchura
de trazas, de briznas
aciculares, está en esta brisa ingenua
que tanteo con los dedos,
que trato de asir para hacer mía,
es de sí misma,
                              está aquí.


Está en este soplo hecho de desgarros,
está en el lápiz que me cae de las manos
si abro la palma,
está en esta corriente alterna,
está en genios y mediocres,
en las nubes de las partículas,
en las ínfulas extrañas
y en el pliegue de las alas de un cóndor negro,
en la precipitación de un vidrio
que no nos hiere apenas
y en los resquicios invisibles
de nuestras cicatrices más finas,
está en el cieno de los ríos
que arrastras a las cimas,
en la cima lozana
que hallas en la mirada,
las miradas tiernas
que no adviertes,
y las que adviertes,
                                está aquí,
no puede estar en ningún otro lado.


La recogemos,
este soplo que resollamos
está hecho de ella.
Este vasto espacio que media
entre tú y yo,
los lugares entre nosotros
que no habitamos
y que alcanzamos al vuelo
con esfuerzo
y devoción de céfiro,
la verdad es que es esto,
está aquí.